sábado, 31 de diciembre de 2011

¡SALUD!


En Ferrowhite se suelda, se escribe, se dibuja, se martilla y serrucha; se encola, se entinta, se filma, se cose y etiqueta; se escucha y se piensa; se baila y se canta; se lija, refila, remalla, estampa... y también se brinda. Los que hacemos este museo taller les deseamos un feliz 2012.

viernes, 30 de diciembre de 2011

PELUQUERÍA Y DEBATE: LA REVOLUCIÓN PERMANENTE

Antes de que el último brindis nuble por completo nuestra memoria y buen juicio, digamos algo sobre una actividad que nos mantuvo al trote a lo largo del año que termina. A menudo las obsesiones combinadas de este equipo de trabajo resultan en preguntas tan rebuscadas que a cualquier desprevenido le sonarían absurdas, pero que en este museo no vale no tomarse en serio, al menos hasta intentar una respuesta. La que nos atormentaba allá por marzo puede enunciarse más o menos así: Si Ferrowhite, los objetos que almacena, el espacio que ocupa, las historias que relata, nos hablan primeramente de un mundo hoy desecho, ¿cómo hacer para, a partir de lo que ya no existe, comprender lo que vino luego, lo que hoy pasa, y además, cómo hacerlo sin que el mundo del taller, del trabajo en el ferropuerto se nos presente como un dominio autónomo, divorciado de las calles y los hogares de este pueblo, es decir, cómo asociar, al mismo tiempo, el espacio público al privado, las tareas masculinas a las femeninas, las herramientas a los útiles domésticos, y por sobre todo, cómo hacerlo de manera de combinar, en dosis justas, acción y representación, relato y análisis, brazo y cerebro, ceño fruncido y sonrisa? Respuesta: ¿Y si ponemos una peluquería?


LA GRAN TRANSFORMACIÓN

En poco más de 10 años, en el lapso, si se quiere breve, que va de principios de la década del 90 al comienzo del nuevo siglo, Ingeniero White cambió y mucho. Cambió el ferrocarril, cambiaron el puerto y sus industrias, y como consecuencia de ello, también la vida de quienes habitamos este lugar.

Es frecuente asociar aquellos años, y este museo ha colaborado para ello, con la destrucción de todo un sistema productivo: reducción de los ferrocarriles, reestructuración del puerto, desguace de la usina, despido de miles de trabajadores, fin del Estado social y empresario... pero menos habitual resulta entender que la destrucción de aquel mundo implicaba, al mismo tiempo, la construcción de otro. Uno en el que la relación entre capital y trabajo, entre industria, población y medio ambiente, sufría una transformación drástica, al ritmo de mutaciones que excedían por mucho los límites de la localidad, de la región, del país, para poner en juego aquí mismo, a la vuelta de la esquina, nuevas dinámicas de alcance global que están en la base  de nuestra realidad presente.

Ese vasto cambio de época que a vuelo de pájaro solemos caracterizar haciendo referencia al fin del Estado de bienestar, a la crisis de la sociedad del trabajo, a la inserción creciente de la ciencia y la técnica en los procesos productivos, a la mundialización de los flujos comerciales y financieros, tuvo en Ingeniero White hitos precisos: disolución de la Junta Nacional de Granos (1992), privatización del Ferrocarril Nacional General Roca (1991), reorganización del puerto como un ente autónomo (1992/3), privatización y ampliación del complejo petroquímico (1995/2000), radicación de empresas agroexportadoras de origen transnacional.*

De la reconfiguración de aquel viejo orden derivaron nuevas formas de riqueza y de miseria, nuevas maneras de repartir los beneficios y los costos derivados de la actividad económica en la zona. Pero también nuevos conflictos y nuevos modos de responder a ellos, en este nuevo siglo, por parte de las empresas y del Estado.** La ampliación del polo petroquímico insumió, durante la segunda mitad de la década del  ́90, una inversión global de alrededor de 2.000.000.000 de dólares. Semejante cifra no fue destinada, sin embargo, al financiamiento exclusivo de edificios, equipos, insumos y sueldos. En ese montón de plata hay que contar, además, los costos derivados de la puesta en marcha de un dispositivo que no existía con anterioridad a la privatización de estas empresas. Un artefacto complejo, hecho de articulaciones múltiples, en ocasiones sutiles, que tiene por función ya no la producción de polietileno, urea o soda caústica, sino de palabras, imágenes y acciones coordinadas en el campo de los medios, de la cultura, de la sociedad civil, sin las cuales el normal desenvolvimiento de la primera producción se vería seguramente dificultado.

Por cierto “vecinos”, “comunidad”, “organización”, no son solo palabras clave para nuestros museos estatales. Enseñando a conducir, a tirar la basura, a plantar árboles, “acercando la cultura a la gente”, o financiando la obra pública, las empresas se convierten en fábricas de civilidad. Factorías del lazo social destinadas a desactivar, o al menor a acotar, el descontento social que su propia actividad material genera. Un resultado no menor de dicha actividad es la percepción mayoritaria del presente modelo productivo como un “dato duro” de la realidad. Es decir, una parte de nuestra naturaleza y destino, algo que ni siquiera nos sería dado pensar en modificar. El espejo de la peluquería nos devuelve nuestra imagen en medio de este paisaje. Sobre ella comienzan a hacer su trabajo el peine, la tijera y las ganas de conversar.


En lo que sigue, Emilce Heredia Chaz nos propone un repaso y algunas reflexiones en torno a lo leído y lo conversado antes, durante y después de cada encuentro de “Cambiá la cabeza. Peluquería y debate.”, ciclo que no sirvió, claro, para resolver el interrogante que nos planteábamos al principio, pero sí para compartirlo con un montón de gente que, creánlo o no, luego de participar de este experimento todavía nos saluda cuando la cruzamos por la calle.

Ahora, levanten sus copas y hagan click con nosotros sobre La revolución permanente.


* "En términos de relaciones económicas, la globalización planteó una nueva división internacional del trabajo que acentuó aún más las asimetrías entre los países centrales y periféricos. Así, se trata de una tendencia de los países del norte a desplazar fuera de sus fronteras las primeras fases de la actividad extractiva que abarca incluso las primeras etapas de los procesos, privilegiando el medio ambiente local pero a costa de un mayor deterioro del medio ambiente global, y particularmente de los países del sur cuyos territorios son utilizados como fuente de recursos y sumidero de residuos (Naredo, 56). 
   

En consecuencia, la actual etapa expresa una demanda cada vez mayor de los países desarrollados hacia los países dependientes, en términos de materias primas o de bienes de consumo, lo cual aparece reflejado en la consolidación de una matriz productiva de corte extractivista, basada en la sobre-explotación de recursos naturales y en la expansión de las fronteras hacia territorios antes considerados como 'improductivos': la megaminería a cielo abierto, la privatización de tierras, la construcción de grandes represas, el boom de los agro-negocios basados en los transgénicos y la siembra directa, los proyectos de infraestructura previstos por el IIRSA y los llamados  biocombustibles, ilustran a cabalidad esta nueva división territorial y global del trabajo entre el Norte y el Sur en el contexto del capitalismo actual, que repercute en una “desigual distribución de los conflictos ecológicos” (Martínez Alier: 2004) y territoriales. (…)  


Lejos de cualquier linealidad, este escenario va instalando a los diferentes gobiernos latinoamericanos, y muy particularmente a aquellos que se consideran de centro izquierda y de izquierda, frente a nuevas tensiones y conflictos, por no decir verdaderos dilemas y contradicciones visibles en la colisión incipiente entre, por un lado, las luchas por la defensa de la tierra y el territorio, en nombre de los “bienes comunes”; y por otro lado, el afianzamiento de matrices productivas, orientadas al mercado externo, en nombre de un discurso neodesarrollista, con base extractivista."  


Svampa, Maristella y Sola Alvarez, Marian "Modelo minero, resistencias sociales y estilos de desarrollo: los marcos de la discusión en la Argentina", disponible en ...

** Una mirada acerca de la relación, a lo largo de la última década, entre la actividad económica "neoextractivista" y los gobiernos progresistas en Sudamérica en Gudynas, 2009

viernes, 23 de diciembre de 2011

DEPOSITE SU DESEO EN UN TUBO DE ENSAYO

Y llegaron "las fiestas", esa época en la que empezamos a hacer balances pero también a pedir deseos: que si miramos a la luna, que si levantamos la copa con la mano izquierda, que si nos miramos a los ojos... las formas de desear se multiplican. El sábado 3 de diciembre, durante Rock in ría, también nosotros nos inventamos una. Con las puertas abiertas de par en par, invitamos a todo el mundo a entrar al hall del castillo para escribir y depositar sus deseos en preformas de botellas plásticas. “Tubitos de ensayo” que sugieren que toda esperanza, por más mágico que sea el pensamiento que la anima, se halla en estos tiempos mediada por el mercado y por la técnica.


Acá nos hacemos un huequito entre brindis y brinds y compartimos con ustedes parte de lo que el público de aquella noche (de los museos y de los deseos) dejó por escrito. Eso sí, ordenado en tres preguntas.

¿Qué uso le darías a El Castillo? 

  • En este castillo pondría varias cosas como salas destinadas a conciertos, que se den charlas acerca de la historia de White y pondría y acondicionaría una habitación como teatro
  • Mi casa 
  • Ninguno a parte de mi casa, porque el día de mañana explota todo
  • Se tendría que filmar una película en el castillo
  • Yo lo que realizaría con el castillo sería un museo
  • Un museo del skate
  • Un shopping
  • Quiero que sea un laboratorio
  • Un boliche bien piola
  • Que el castillo sea un lugar con mucha historia para contar. 
  • Estaría un boliche
  • Seria muy bueno que algún sector se dedique a una confitería con vista al mar
  • El castillo debería ser un salón de eventos comunal, con restaurant y más para el atractivo de un paseo diario. Un lugar donde se pueda pasar gran parte de la jornada en forma recreativa y educativaLe daría un uso diario
  • En el castillo, una gran sala donde dormir la siesta y ver películas proyectadas en el techo
  • Yo lo haría una iglesia
  • Un parque de diversiones
  • Ante la necesidad de lograr la evolución económica y social de toda la zona portuaria, el castillo debería ser el punto de inicio de un planeamiento estratégico turístico que logre ese objetivo
  • Trabajar para convertirlo en centro de exposiciones
  • Música, pintura, danza, fotografía, historia, nuestra identidad portuaria
  • Un lugar para: conciertos, presentaciones, exhibiciones, muestras culturales... y gratuito
  • Que sea un espacio para los jóvenes de White y Bahía para que puedan demostrar y transmitir su música.
  • Que este sea un faro cultural entre tanta industria
  • Esto podría ser una fabrica, y White el polo mas grande del mundo
  • Yo lo haría un centro cultural
  • El castillo debería estar todo habilitado porque una vez que llegas a verlo, querés recorrerlo todo 
  • El castillo debería transformarse en un centro científico
  • Lo único que quisiera para el castillo es que sea lo que fue antes
  • Un lindo centro cultural con talleres artísticos
  • Primero reformarlo todo, que quede impecable. Luego utilizarlo para paseo turístico! Los malditos turistas que se vayan felices.
  • Un lugar para reflexionar, proyectar y concretar    


 
  

¿Qué te gustaría hacer en La Rambla de Arrieta?
  • Jugar
  • Conocerla
  • Que pueda ser utilizada como un paseo para todos los bahienses
  • En la Rambla pondría todas instalaciones para que sea playa.
  • En la Rambla, tomar mate con los pies en la ría y camas elásticas.
  • Recuperar la playa saludable
  • Paseos por la ría y carritos para comer comidas típica.
  • Iría a pasear con mi familia
  • El paseo costero que tenga lugares públicos para que la gente venga
  • Lugar recreativo
  • Que haya cantinas
  • Espero un paseo natural que disfrutemos los whitenses
  • Espacio de juegos
  • En la Rambla, un centro de interpretación para que la gente pueda ver los contrastes: hoy, polo, y el ayer, castillo.
  • Un paseo para uso recreativo con espacio verde para aprovecharlo en familia
  • En la costa se podría agrandar el espacio para recibir a los malditos turistas y los vecinos del pueblo
  • Que podamos ver el mar desde acá
  • Un paseo costero para que la gente recupere su último punto de vista al mar.
  • Un paseo para jugar
  • Me gustaría que el paseo mantuviera su riqueza natural y se integrara como patrimonio.
  • Tener playa
 
  

¿Qué esperás para White en el futuro?
  • Que se escuche a los vecinos, que se haga un censo de salud, un hospital de quemados, y tantas cosas más…
  • Que siga creciendo
  • Como whitense y por el inmenso amor que le tengo a esta tierra que me crió, donde mis padres se conocieron y donde mis hermanos y yo nos criamos, deseo que White renazca
  • Que se convierta en ciudad
  • De White espero lo mejor de los que nos representan…tienen que hacerlo realidad!
  • White más lindo, limpio, calles sanas, poder ver el mar, hacer realmente las refacciones que prometen!
  • Que se pueda nadar en el mar y que sea un balneario como antes
  • Que White siga progresando
  • Lamentablemente White es la peor bofetada del progreso. Otra victima del capitalismo
  • Que continúe creciendo
  • Que crezca
  • Lo mejor
  • Por un White con mucha prosperidad espero que todos se unan y salven al castillo! Por un 2012 lleno de cosas lindas
  • Para White, espero que el hospital crezca!
  • Espero ver menos chimeneas con humo o al menos no ver una multiplicación de las mismas
  • Para el fututo de White, espero que no se sigan instalando las malditas empresas. Que a las empresas les hagan controles ambientales estrictamente rigurosos y el que no respete...! Con respecto al pueblo, espero que se siga desarrollando, que siga creciendo como lo está haciendo. Que haya mas ayuda para los barrios más carenciados y que hagan mas controles, que la policía sea más estricta porque está lleno de droga.
  • Que mi barrio lo mejoren
  • Para el futuro de White, que todos nuestros jóvenes tengan trabajo
  • ¿Y qué puedo esperar para el futuro de White? Que se recupere lo perdido (creo que no hay un solo habitante que no lo desee) y que se reafirmen las raíces de este lugar. Yo no soy de este lado, soy de Villa Mitre, pero igual me duele todo lo que perdieron como si fuera nacida acá. Y ojalá que aquel que desguazó esta maravilla pague por su maldad y atrocidad.
  • Para White, espero un futuro de trabajo en armonía con la naturaleza y con la salud de los seres humanos
  • Para White, espero más futuro y menos contaminación
  • Quiero PROGRESO bien habido, quiero gaviotas y peces, quiero al mar respetado. No es progreso si las consecuencias son más caras al ambiente y a nosotros.  




     Las fotos de este post son de Pablo Marks.

jueves, 15 de diciembre de 2011

MIRÁ LO QUE NOS TRAJO PAPÁ NOEL


La navidad llega con adelanto a Ferrowhite. Despedimos el año incorporando a nuestro taller un tremendo torno de principios del siglo XX. Vení, probálo y después te tomás algo fresco en La Casa del Espía.

domingo, 11 de diciembre de 2011

ANTES DEL ÚLTIMO TIMBRE

Va terminando el año escolar. En las aulas se rinden los últimos exámenes, se promedian las notas, se despide el calendario. Sin embargo, en este museo, cuya visita a veces es un punto en un módulo de una materia, quedan algunas cuestiones en el tintero. Preguntas pendientes que nos llevamos a marzo por lo difíciles de contestar, y que compartimos con ustedes para ver si entre todos podemos intentar una respuesta. "¿Qué pasó con el movimiento obrero en los años 90’?", "¿Por qué no hay más tren a Punta Alta?", "¿Por qué se desguazó el castillo y no se lo dejó como museo?", "¿Para qué se lo puede usar?" 
  

Estas son algunas de las preguntas que los pequeños amigos y amigas visitantes, nos ‘formularon’ en mañanas frías o de calor húmedo, lluviosas o de extrema sequía, en las que recorrimos este museo y el espacio que lo circunda. Interrogantes más que interesantes para intentar comprender qué, cómo, por qué y para qué pasó lo que pasó con los bienes, con la historia social de los trabajadores y con el patrimonio ferroportuario de la ciudad (y del país).   




Pero ojo, en la hora y media o dos que dura el paseo, también tuvimos tiempo de conocer la Rambla de Arrieta, de contar la historia del espía y de pispear por las puertas del castillo. Jugamos a ser estibadores y ferroviarios por un rato, vimos andar a los trenes de la maqueta Ferrocarril Pago Chico, escribimos y dejamos mensajes en las preformas de botellas. Y en las visitas de noviembre, hasta cantamos y bailamos al ritmo del piano mágico de Julián Zabaloy.





Por eso, antes de que terminen las clases y de que la vorágine de fin de año nos pase por encima, queremos agradecer a Pedro Caballero (con sus 59 años de egresado de la escuela primaria) por estar siempre dispuesto a enseñar las herramientas de su cajón, a Héctor Guerreiro por hacer funcionar su ferrocarril en miniatura, a Julián Zabaloy por venir a mostrar cómo funciona una pianola y a Diego Herlein de la oficina de Turismo por coordinar algunos de estos encuentros. 
  
También queremos agradecer y saludar a las y los docentes que hicieron un hueco en la programación anual de sus materias para estos encuentros. Ellos son: Mariela, Sandra Rosetti, Jorgelina, Graciela Parro, Estela y Silvia Mossman, Rodrigo García, Marisa Cesa, Yanel Martínez y Andrés Pinassi, Sandra, Diana Ribas, Gabriela Rodríguez, Adriana Díaz y Alicia Arancibia, Mónica, Yesica y Verónica, Natalia, Andrea Pasquaré, Nicolás Ferrari, Juan Pablo Sogni, Patricia Jorge, Mercedes Palotto y Andrea Echeverri, Lía, Leticia Hernández y Mónica Icasto, Romina Marte, Carola Rodríguez, Martín, Virginia Mendoza, Verónica Hoch, Nicolás Ciarnello, Marcelo André, Leticia García, Luciana Spinsanti, Marcelo Castillo, Paulina Carrano, Natalia Maza, Liliana, Mariana Iriarte, María del Carmen, Lorena Montero y Marta, Analía Luzarreta, Marisa Faggioli, Rosana Catervi, Matilda Rousil y Daniela Gimenez, Maura Granito y María Gracia Parigiani.   




Y muy especialmente, a quienes pusieron el cuerpo, la cabeza, los músculos y las inquietudes: los niños y niñas, chicas y chicos, adolescentes y jóvenes del Jardín 946, de 5º Año del Victoria Ocampo, de 9º año de la Escuela 21, de 4º y 6º grado de la Escuela 78, del Instituto de Periodismo, de 7º año de las EMUNS, del Curso de Coordinadores de Turismo del Centro de Formación Profesional Nº 401, de la Escuela de Cabildo, de la Cátedra de Historia del Arte y de la Cultura de la UNS, del 1º año del Mosconi, de los cinco cursos de 2º año de la Técnica de Azara, Scouts y Guías de Cnel. Estoma, San Antonio de Padua y San Roque, de los tres 4º grado de la Escuela 69, de la Cátedra de Problemas del Conocimiento Histórico de la UNS, de los tres 2º año de la Escuela de Comercio de la UNS, de la Casa del Niño de Villa Rosas, de la Escuela 512, de 5º Año de Indio Rico, de la Escuela Media 3 de Tornquist, del Programa Envión de Spurr, de 4º y 5º año de la ESB 6 de El Relincho, Cnel. Suárez, del Jardín Puerto Infancia, del Colegio San Cayetano, de 6º año de la Escuela Técnica de Gral. Roca, del Colegio Universidad de La Pampa, de la Escuela Media 2 de Sierra de la Ventana, de 6º año del Colegio Sarmiento, de la ESB Nº 1 de Tornquist, de 1º año de ESB Nº 10, de la Escuela de Arroyo Corto, de los dos cursos de 6º grado del Victoria Ocampo, de 5º grado de la Escuela 52 de Villa Serra, de la Media 2 de Villa Mitre, de 5º año y de los dos cursos de 4º año de la Media 8, de 2º año de la Escuela de Agricultura y Ganadería, de la Cátedra de Preservación del Patrimonio de la UNS, de 3º de la ESB 325, de los dos cursos de 5º grado del Colegio San Cayetano y de 7º grado de la Escuela 21. A todos ellos, de nuevo, GRACIAS y ¡hasta el año que viene! 

Ana, Analía, Emilce y Carla

jueves, 8 de diciembre de 2011

EL SURGENTE



Agua, un surgente en el medio del taller, un largo caño y canillas para refrescarse.
Tal vez fue el intenso calor de esa mañana de diciembre lo que despertó el recuerdo Sebastián Pacella (Chieti, Italia, 1924), y el haber vuelto a caminar por el taller después de tantos años, junto a Mario De Simón y Roberto Peñacorada, el día que participamos de la filmación del programa Ram Memoria Colectiva - que se va a emitir el 17 de diciembre a las 20.30 por canal 9 (no se lo pierdan).
No solamente hacía calor sino además -lo van a oir- un fuerte viento.
Nada de eso lo amedrenta a Pacella que si lo dejan, se arma el taller de nuevo.

lunes, 5 de diciembre de 2011

VAMOS LAS BANDAS




El último sábado las bandas de rock del puerto se reunieron en Ferrowhite para darle forma a Rock in Ría. Lo que pasó entonces, al pie de la torre de la usina, estaba escrito. Ya lo había anticipado el Indio, allá en los ‘80:


Y el cielo se vino abajo nomás, en plena función, y las bandas rajaron, sí, pero para organizar, en su huída, otro recital, esta vez bajo techo, un poco más lejos del castillo y más cerca de la parrilla que impregnó con humo de hamburguesas las no tan alemanas normas de conservación de este museo.

Ya nos había advertido Pedro Caballero, aka Pedro Fontana Reyes, quien venía relojeando, malicioso, el pronóstico del clima desde hace más o menos un mes: “¡El sábado sonamos!” Claro qué sonamos, y cómo. Como si la intensidad de la relación entre Ferrowhite y esa multitud que es su razón de ser y sustento pudiera medirse en decibeles. Como si todas las cuerdas de guitarra fueran, juntas, más fuertes que el hierro de un riel, un lazo eléctrico que nos mantuvo firmes en el abrazo, llenando cada rincón a pesar del diluvio, que tampoco duró tanto porque, lo había predicho el Angel de la usina, “Dios aprieta pero no ahoga.”

¿Qué se dice entonces? Gracias. En palabras de Julián “Pochy” Acosta, surf rocker de esta ría de aguas agitadas, aunque no precisamente por las olas: “Gracias a todos por el aguante…  gracias a todas las bandas que pusieron su granito de arena, a la Asociación de Artesanos y Microemprendedores Whitenses, a la Orquesta Escuela de Ingeniero White, a Sarita Cappelletti y a Astor Vitali, a Héctor Guerreiro y su maqueta, a Julian Zabaloy y su pianola… y en especial a todas las personas que están comprometidas con el proyecto de recuperar el castillo del puerto para nuestra comunidad.” Gracias totales.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

¡ROCK IN RÍA!


Las bandas de rock del puerto se encuentran en Ferrowhite, durante la Noche de los Museos, para volver a electrificar la usina. Los pibes de Boulevard XX, De la T, Eternal Wave, Escalada 21, Inspiración IF, Los Nonnos de Atilio, Polaroid y Tándem, comparten escenario para celebrar la nueva vista a la ría e hinchar por la recuperación del castillo del puerto para nuestra comunidad.

En la Casa del Espía, Sarita Cappelletti descolla al piano acompañada por la voz Astor Vitali. En el museo, la Asociación de Microemprendedores y Artesanos Whitenses depliega su producción y se presenta, tempranito, la Orquesta Escuela de Ingeniero White. Y como si fuera poco, Héctor Guerreiro pone a funcionar su maqueta Ferrocarril Pago Chico ¿Qué más querés? ¿Cantina con pianola? Bueno, también hay.

Lo dicho: este museo puede ser definido por los objetos que exhibe, pero mucho mejor por las personas que lo frecuentan. O mejor, por lo que todas esas personas tienen la chance de hacer cuando se juntan.

Cronograma

17 a 18 hs. Orquesta Escuela de Ingeniero White.
19 a 22 hs. Feria de Artesanos.
21 a 23 hs. Sarita Cappelletti (piano), Astor Vitali (voz).
19 a 24 hs. Bandas en el parque.

martes, 29 de noviembre de 2011

YA LLEGA



Justo ahí, entre el muelle de los elevadores de chapa levantados por el Ferrocarril Sud en 1908 y 1909, y el muelle que hoy mismo construye detrás del castillo la trasnacional cerealera Toepfer, sentados con su guitarra entre un extremo y el otro de ese siglo entero de historia, Gabriel y Leo Vecchietti ensayan “La Reina del mar”, el tema dedicado a Celestina Gomez que con su banda Polaroid van a estrenar el próximo sábado 3 de diciembre durante La Noche de los Museos. Ya llega Rock in Ría: “Todos por el castillo”.

lunes, 28 de noviembre de 2011

OSVALDO CECI

Esta mañana falleció Osvaldo Ceci, ferroviario, militante político, vecino de Ingeniero White, amigo fundamental de este museo. Desde Ferrowhite, un abrazo a toda su familia.  





Osvaldo, en el centro de la foto, junto a Manuel Montes, Pedro Caballero, Ana Miravalles, 
Hugo Llera y Adolfo Blasco, durante la presentación de "Ferroviarios. Sinfonía de acero y lucha."  



A principios de 2007 Ana Miravalles escribió en "Un documental en vivo", el blog del proyecto de teatro documental Archivo White: 
  
QUÉ SIGNIFICA ACTUAR    



Osvaldo Ceci no faltó a ningún ensayo. Y cada vez que hablaba, su voz potente resonaba en todo el museo. No sólo en los ensayos, durante Nadie se despide en White, entre la sirena de los bomberos, la bocina de locomotora, los aplausos que venían de un lado u otro, y el público que iba y venía, el relato de Osvaldo se escuchaba en todo el taller. El era el jefe, en el galpón. Por eso, cuando vió a sus compañeros de cartel dijo: “ah, casi podemos armar un turno” 
  

Osvaldo no se queda atrás a la hora de contar anécdotas:
“Resulta que a todos no los conocés, viste, mando dos de aguateros, para dar 24 mil litros de agua... el que esta arriba abre la puertita, pone la manga, y le dice al otro: que, que, abrí el grifo, que, que ya está... Y el otro de abajo le dice: que, que no me hagas burla, que, que es una enfermedad lo que tengo, entonces el otro de arriba le dice: que, que entonces estamos los dos enfermos. Claro, ¡eran los dos tartamudos!”

Escucha los elogios a su rectitud, solidaridad y coherencia, y cuando Mario Mendiondo cuenta que una vez, uno al que le decían el mejicano, lo provocó tanto a Ceci que terminaron los dos a las trompadas en el abanico, “se cagaron a trompadas, pero una paliza, porque caían los dos, eh, dos guapos, eran”; y, que él, el capataz, terminó, y siguió su trabajo como si nada y que si hubiera informado, lo echaban a este mejicano, Osvaldo responde con modestia: había estudiado derecho romano, seguridad en el trabajo, y todo, y no podía cometer una barbaridad, pero... a veces uno se deja llevar por los nervios.

A lo largo de su vida Osvaldo ha hablado muchas veces en debates públicos, en asambleas sindicales y actos políticos; ha formado parte de comisiones vecinales muchas veces, y sabe manejar perfectamente los tiempos de la oratoria, los énfasis y las pausas; y sabe también que toda ocasión, incluso una “obra de teatro”, un “documental en vivo” tiene que servir para decir la verdad. El 16, un rato antes de empezar, nos hizo llegar un volante en el que, en una carta abierta que escribe en adhesión a la lucha contra las papeleras analiza la situación de White después de los escapes de cloro y amoníaco de 2000 y 2001, y que termina diciendo:


Aún no está escrito que no se pueda ganar.

domingo, 27 de noviembre de 2011

ESTRELLAS FERROVIARIAS: DE TALLERES BBNO A LA TELE

Mario de Simón, Roberto Peñacorada y Sebastián Pacella, con los productores del programa Ram, memoria colectiva

Cualquiera de los muchísimos ferroviarios de Talleres Bahía Blanca Noroeste que hemos entrevistado en estos años podría haber estado ahí: no hubo uno que no los haya descripto hasta el último detalle, que no haya hablado del sentimiento de pertenencia y del dolor por la pérdida.

Fuimos esta vez con: Mario de Simón que entró en 1950, y fue jefe de Talleres entre 1982 y 1993; con Roberto Peñacorada, no solo empleado desde 1954 sino también vecino del barrio; y Sebastián Pacella, en talleres desde 1945!!! (así como se lo ve de zapatillas y paso airoso, tiene Pacella 87 años)

Y como el programa, según Nicolás Carnino y Nicolás Batista, recupera historias y testimonios a partir de edificios significativos para la vida de la ciudad, estuvimos caminando, tomando fotos y filmando:

Los de la tele se fueron, con sus cámaras y sus trípodes. Y ellos tres caminaban, y conversaban como si de repente el taller todavía estuviera lleno de movimiento, de ruido, de gente.
Tal vez fue por el calor que Pacella se acordó de la perforación con la que tomaron agua del surgente.

viernes, 25 de noviembre de 2011

EL CASTILLO DE LA ENERGÍA

Conocimos a Nicolás Ángel Caputo a principios de agosto, una de esas mañanas frías, de cielo apagado, difíciles de pasar en este museo que ocupa el espacio de un taller a veces imposible de templar. Pero podría decirse que Ángel ya estaba acá antes de que nosotros llegáramos. Él y su hermano José trabajaron toda la vida en la Usina General San Martín.



En algún momento de aquella primera la charla, Ángel nos dijo: “[De esta usina] yo tengo para contar, para hacer un libro, poco más”. Así, con un comentario al pasar, podría decirse que empezó una idea que ha ido tomando forma a lo largo y ancho de estos meses: escribir juntos una historia de la usina General San Martín, una historia de la usina contada desde el particular punto de vista de unos de sus trabajadores, a la que Angelito ya le encontró un nombre: El Castillo de la Energía.

ANGELITO
Desde entonces, nos hemos reunido con Ángel con la regularidad que las visitas escolares nos permiten. Después de varias entrevistas, de mirar videos y fotos, de recorridas por el interior del castillo y sus alrededores, estamos en condiciones de esbozar una primera respuesta para una pregunta fundamental para nuestro proyecto: ¿Quién es Nicolás Ángel Caputo?

Angelito, como le dicen sus amigos, nació el 18 de septiembre de 1935 en Ingeniero White. De pibe, trabajó como repartidor en un almacén, como ayudante en una carpintería y como empleado en una carnicería. Luego fue embolsador en el puerto de Ingeniero White, hasta que un día su padre, que trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas, le dijo que el trabajo con el cereal, palabras más palabras menos, era “pan para hoy y hambre para mañana.”

Por eso, en el año 1958, Angelito presentó dos solicitudes: una para emplearse en el ferrocarril, la otra para entrar en la usina. Y, oh dilema –eran otros tiempos-, lo llamaron de ambos lados. Con la tranquilidad que algunas decisiones ameritan, Ángel comparó las 8 horas repartidas en dos turnos del ferrocarril, con las 7 horas corridas de la usina y se decidió sin dudar por el mundo de la energía.

Es que una hora menos de trabajo y no parar al mediodía, representaban al cabo del día unas cuatro o cinco horas más de descanso, imprescindibles para salir airoso del ritmo que las presentaciones casi diarias marcaban en su vida de baterista. Porque, faltaba contarles, Ángel también es músico. Y por aquellos años, uno con orquesta propia: “Héctor y su bambino”, conjunto que había creado con su amigo Jorge Abramosky para amenizar durante las noches de verano los bailes de los clubes Huracán y Comercial.

PEÓN, BOMBERO, BUZO, MECÁNICO Y CALDERERO
Eligiendo el trabajo en función de aquel verano, Ángel decidió, quizás sin saberlo, toda una vida. Entró de peón para la limpieza de los canales de agua salada, “por tres meses y provisorio” y se quedó en la usina treinta y tres años. Trabajó en la guardia de bombero (para encender las bombas que llevaban el agua potable a los tanques que estaban en la azotea del castillo). Y junto con Atilio Miglianelli fueron, hasta el cese de la central, los buzos que se encargaban de cerrar las compuertas de los canales.

Pero donde más tiempo estuvo, como medio oficial, oficial especializado y capataz, fue en las secciones de calderas y de máquinas. Será por eso que hoy, veintiún años después de haberse jubilado, Ángel todavía puede describir con precisión los intrincados circuitos de agua tratada, de combustible y de agua salada, puede dibujar de memoria el eje de la turbina o explicar cómo se colocaba la compuerta para el canal quedara bien cerrado.

HISTORIA COMPARTIDA
La historia de la usina en la versión Ángel no se reduce, sin embargo, al funcionamiento de las calderas o al inventario minucioso de cada sección. Su memoria ‘técnica’ se entrelaza con otra que hace de este edificio algo distinto del mero mecanismo que proveía de electricidad a toda Bahía Blanca. Para Ángel la usina es, además de un “castillo”, una casa, el techo que reúne el recuerdo de todos sus compañeros. Por eso, entre los ruidos ensordecedores de la turbina o el papel españa que se colocaba en los cojinetes, hay palabras también para las carreras de bicicletas, los mates a escondidas, los partidos de fútbol cada 13 de julio y las bromas pesadas como las tapas del condenso.

Con el mismo nivel de detalle con el que repasa el funcionamiento de la usina, Ángel intenta que la lista de compañeros (que en algún lugar del libro tiene que estar) sea lo más completa posible. Por eso, algunas tardes visita el Sindicato Luz y Fuerza para corroborar o corregir la ortografía de cada apellido y para consultar por los nombres que no recuerda. Porque si bien esta historia del castillo será una historia atravesada por su experiencia de trabajo, Ángel tiene muy claro que esa experiencia no hubiera sido posible sin la de sus demás compañeros.



Y esta semana, que Ángel vino con sus armónicas para ensayar un par de temas con los chicos de “Salvemos el castillo”, esa experiencia colectiva de la historia de la usina parece que corresponde no sólo al pasado, sino también, a su presente y porvenir.

jueves, 24 de noviembre de 2011

RIESGO CIUDAD



A pocos minutos de que vuelva a escucharse en este puerto, como cada jueves, la “sirena comunitaria”, dejamos por acá algunas imágenes de lo que pasó en Ferrowhite el sábado durante el último encuentro del año de “Cambiá la cabeza”, sesión de peluquería y debate que estuvo dedicada, esta vez, a indagar en la noción de “riesgo” y sus muy variadas definiciones, de acuerdo, en principio, con el lugar territorial, económico, social desde el que cada uno alza su voz.

martes, 22 de noviembre de 2011

41 DÍAS, 50 AÑOS DESPUÉS

Por estos días se cumplen 50 años de la huelga de 1961, la más extensa de la historia ferroviaria argentina. El viernes pasado nos juntamos en el museo con algunos de sus protagonistas para analizar las causas y las consecuencias de aquellas jornadas.




Para muchos ferroviarios la huelga del ‘61 es la huelga “larga”. El adjetivo alude no solo a los 41 días durante los que la actividad de estaciones y talleres cesó casi por completo, sino también al proceso de liquidación de los ferrocarriles que por entonces se ponía en marcha y que iba a durar, a pesar o en razón de la resistencia de tantos trabajadores, larguísimos años.

Juntarnos en este museo para hablar de la huelga del 61 busca componer esta historia a partir de muchas. Implica, por ejemplo, confrontar el plan del Banco Mundial y el General Larkin con los planes de ferroviarios de Ingeniero White como Mendiondo, Llera o Simontacci para mantener a sus familias sin el sueldo del mes durante aquellas seis semanas.

Si este es un museo ferroviario, lo es a condición de desmontar, hasta la última pieza, la idea de que existe un “tren de la historia”. ¿No habrá sido por no perder ese tren figurado que terminó por parecernos aceptable la pérdida de buena parte del ferrocarril real? Para quienes la esperaban de pie sobre ese andén frente al que finalmente no paró, la primera formación que arribó a estas tierras parecía conducir con rumbo fijo hacia un futuro próspero. Lean, si no, a los cronistas de la época. Más difícil es saber cuándo, en qué momento de nuestra historia, los argentinos empezamos a imaginar a los trenes corriendo a contramano. Pero poco a poco nos fuimos o nos fueron convenciendo de que el riel y sus trabajadores eran cosa del pasado, peso muerto, un lastre del que convenía deshacerse en nombre de ese mismo “progreso” del que antes habían sido emblema.

A veinte años de las privatizaciones (concesiones, en rigor), el transporte de commodities a los puertos crece -con el camión como gran protagonista-, en tanto el transporte de pasajeros colapsa. El tren ha dejado de unir a buena parte del país para sólo conectar grandes negocios agrarios y mineros que también proclaman la "vuelta del tren", pero en estricta función de sus propios intereses. La "época de oro" del riel no va a volver, simplemente porque nunca existió un tiempo sin conflictos. Pero así como casi nadie cree posible o incluso conveniente que los ferrocarriles retornen tal cual fueron, son muchos los que perciben que un proyecto de nación no está completo si se deja al margen al tren en su potencial articulación con los demás medios de transporte en un sistema integrado de comunicaciones.  

En eso consistió este encuentro: en el ida y vuelta entre relato y análisis, entre pasado y presente, en favor de la mejora de los trenes tangibles.

jueves, 17 de noviembre de 2011

LA PELUQUERÍA, OFICIO DE RIESGO


En Ferrowhite le ponemos moño al ciclo que trenzó peluquería y debate. En el último encuentro del año, la charla vuelve sobre sí misma, y nos preguntamos por el sentido de muchas palabras que damos por supuestas en cada discusión. Términos que creíamos que querían decir una cosa y, situados en contexto, dicen otra. Si por un tiempo la Real Academia mudara sus gabinetes a la vera de esta ría, ¿Qué vocablos y definiciones debería incluir, sí o sí, un Diccionario Escolar White/Bahía 2012? Nuestro glosario experimental comienza este sábado con la "r" de "riesgo". ¿Cómo y quién define qué es un riesgo?

lunes, 14 de noviembre de 2011

"LOS MUSEOS SON COSA DE VIEJOS"



Julián Zabaloy y los rockeros de "Salvemos el castillo" está mañana en La Casa del Espía.

LA HUELGA LARGA



Lo veníamos conversando: el 10 de diciembre se cumplen 50 años del fin de la huelga ferroviaria más extensa de la historia argentina. Durante 42 días los trabajadores del riel de todo el país manifestaron su rechazo al plan de reducción de los ferrocarriles implementado por el gobierno de Arturo Frondizi en 1961. Para analizar las causas y las consecuencias de aquellas jornadas nos juntamos este viernes, picada ferroviaria de por medio, con algunos de sus protagonistas.

viernes, 11 de noviembre de 2011

PIANOBAR

Este domingo vuelve a sonar en La Casa del Espía, el piano mecánico que restauró Julián Zabaloy. Eligí vos tu melodía preferida y sumate al karaoke de los años 20.

jueves, 10 de noviembre de 2011

¿HACEMOS UNA FOTO?

El miercoles pasó por el museo un nuevo grupo de aspirantes a maquinistas de la Escuela 'Carlos Gallini' de La Fraternidad.  


En cierta forma, esos viejos ferroviarios que aparecen en las fotos que hay repartidas por el museo no son protagonistas de una sola imagen sino de muchas. Imágenes como esta, que reúne a los compañeros de ayer con los de hoy. Ferrowhite es esa foto adentro de otra. Una imagen que tomamos una y otra vez, porque siempre alguno falta o algún otro se suma, hasta que el instante frágil del abrazo, extendido a lo largo de kilómetros y de décadas, termina por escapar del cuadro.

lunes, 7 de noviembre de 2011

AÑOS LUZ

Hace exactamente siete años y un día, nacía Ferrowhite y con él comenzaba a tomar forma la idea de recuperar el “castillo del puerto” para nuestra comunidad. Para empezar a conversar sobre el futuro de este edificio, les proponemos en lo que sigue una primera aproximación a su pasado, un rápido repaso por sus más de cincuenta años de historia hecho, si se quiere, "a la velocidad de la luz".

EL CASTILLO DE LA ENERGÍA
Aunque a simple vista parezca una construcción medieval, y cueste creer que haya sido otra cosa, el edificio que está al lado de la ría y que conocemos como “el castillo” era en realidad una usina. Sí, un establecimiento industrial en el que durante décadas se produjo la electricidad necesaria para que funcionaran las maquinarias del puerto y el ferrocarril, y también para que se encendieran todas las lamparitas y cada uno de los electrodomésticos que fueron poblando las casas de Ingeniero White, de Bahía Blanca y de parte de la zona.


 La usina en plena construcción, el 11 de marzo de 1931. Registro de obra de la compañía constructora GEOPÉ.

A través la historia del castillo es posible seguir, sugeríamos, buena parte de los cambios en el negocio de la generación de energía, actividad básica para el desarrollo de la región y del país, un período que va desde el comienzo del fin de la hegemonía del capital inglés en la zona, durante la década del treinta, y que pasa por la estatización de los servicios en los años cuarenta y los planes del desarrollismo en los sesenta, y que tampoco permanece al margen de la aplicación de las políticas neoliberales de fines del siglo XX.

ELECTRICIDAD Y RIEL
Sin embargo, el castillo no fue la primera usina que hubo en la ciudad. Hasta la década de 1920, fueron las empresas ferroviarias las principales proveedoras del servicio de energía eléctrica. Las usinas ferroviarias, respondían a otro estilo de construcción, caracterizado por el ladrillo visto. Ejemplos de ello son las usinas ubicadas en Loma Paraguaya y en la esquina de Brickman y Donado, ambas pertenecientes al Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, y las dos usinas construídas por el Ferrocarril Sud en Ingeniero White (una desaparecida y la otra aún en pie).

En 1924, cuando la empresa Ferrocarril del Sud adquirió los bienes del Buenos Aires al Pacifico y consolidó su monopolio en la ciudad, no se interesó por mantener la concesión del servicio de energía eléctrica. Fue entonces cuando Empresas Eléctricas de Bahía Blanca - una firma dedicada al negocio de la energía, filial de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad-, solicitó a la municipalidad de Bahía Blanca el permiso para producir, distribuir y vender energía eléctrica. Así, en 1927, EEBB obtuvo la concesión del servicio de electricidad por un plazo de veinte años (que luego sería extendido 35 años más), y se comprometió, como parte del mismo contrato, a construir una nueva usina.

UNA SÚPER USINA
En 1929, EEBB compró al estado nacional un terreno de 13.242 metros cuadrados sobre la costa de la ría de Bahía Blanca. Como el lugar de emplazamiento era un cangrejal al que cubrían las mareas, fue necesario rellenar el terreno con el material extraído del dragado del canal principal de la ría (¿les suena?) y colocar 700 pilotes de hormigón que llegaban hasta el lecho pedregoso de la ría, para convertir a este espacio ‘ganado al mar’ en un terreno firme, seguro y estable para la edificación.

En 1930, siguiendo el diseño del arquitecto de la Ítalo Argentina, Guiseppe Molinari, la empresa alemana Compañía General de Obras Públicas S. A. (GEOPÉ) comenzó la obra que demandaría dos años de trabajo, el empleo de centenares de obreros y miles de toneladas de hormigón. Con un equipamiento de cuatro calderas Babcock-Wilcox y dos turbinas Brown Boveri de 7.500 kilovatios cada una, la usina ‘Ingeniero White’ fue inaugurada el 1 de octubre de 1932.  Como los 15.000 kilovatios que generaba triplicaban la capacidad de la de Loma Paraguaya, el castillo también fue conocido durante algún tiempo como la “súper usina”.

Pero aclaremos algo: para que durante más de cincuenta años la usina produjera energía eléctrica, además de máquinas, caños, fuego, combustible, vapor, fue necesario el trabajo de alrededor de 150 personas entre personal de turno y de mantenimiento. 150 trabajadores entre peones, medio oficiales, oficiales especializados, capataces, jefes de sección y de turno que se encargaban de trabajos específicos, aunque relacionados entre sí, dentro de las muchas secciones que existían adentro del castillo: máquinas, calderas, electricidad, regulación, laboratorios de agua y aceite, taller regional, carpintería, pintura, hojalatería, almacén. Seguramente volveremos a hablar de este asunto en próximas entradas.

DEL INGENIERO WHITE AL GENERAL SAN MARTÍN

Como parte de las políticas de estatización de los servicios básicos del primer gobierno peronista, la usina pasó a depender, en 1948, de la Dirección de Energía y Mecánica de la provincia de Buenos Aires (DEMBA) y su nombre ‘Ingeniero White’ fue reemplazado por el de ‘General San Martín’.

Por la intensidad de las actividades portuarias como también por el crecimiento demográfico y del consumo doméstico asociado, pronto comenzaron los requerimientos de mayor energía. Por eso, a finales de la década de 1950 se instalaron tres calderas y dos turbinas Franco Tossi para ampliar la capacidad de generación de la planta que serían inauguradas en 1962 con la presencia del presidente Arturo Frondizi. En esa misma oportunidad se habilitaron también los laboratorios de agua y aceite (donde hoy avanza la Rambla de Arrieta) y el taller regional de reparaciones (en el que actualmente funciona Ferrowhite).






Trabajos de instalación de las turbinas Franco Tossi, ca. 1961. Esta fotografía la trajo hasta el museo Roberto Rana.

La otra gran incorporación al castillo fue una turbina a gas que fue instalada en 1969. Como este equipo entraba rápidamente en funcionamiento, lograba suplir con eficiencia la provisión del servicio cuando el consumo eléctrico aumentaba. Sin embargo, a pesar de estas ampliaciones, los problemas de abastecimiento continuaron presentes ya que, dado que la usina continuaba siendo la única proveedora de energía, cuando había una falla en la central o en la línea, toda la ciudad se quedaba sin luz. Por eso, y ante la perspectiva de la creación de un polo petroquímico, se empezó a considerar a principios de la década de 1970 la posibilidad de construir una nueva central. Así fue que en 1978, en plena dictadura militar, se confeccionaron los pliegos, bases y condiciones de la futura usina Luis Piedra Buena.

EL ÚLTIMO QUE CIERRE LA PUERTA Y APAGUE LA LUZ
En 1980, con la puesta en marcha del sistema de interconexión nacional, la usina General San Martín perdió la exclusividad y poco a poco se volvió menos importante en la provisión de energía. El fin del castillo en tanto que usina llegó la Navidad de 1988, cuando las turbinas y calderas del castillo se detuvieron y la usina quedó desactivada. La central Luis Piedra Buena, de mayor capacidad de generación, entraba en funcionamiento para reemplazarla.

Sin embargo, por un momento pareció que la posibilidad de mantener el castillo en marcha no se había perdido por completo. Es que en 1993 hubo un intento de repotenciar su funcionamiento y para ello, algunos de los antiguos trabajadores fueron convocados para realizar los trabajos de reparación y alistamiento general de las máquinas. La máquina 4 quedó reparada y lista para trabajar cinco años más, pero sin el apoyo político que hubiera sido necesario para la recuperación el intento quedó en eso. Por el contrario, en 1997 el gobierno provincial ordenó el remate de toda la maquinaria del complejo (turbinas, transformadores, repuestos…). El resto fue desguazado entre 1999 y 2000.

En 2001 el edificio de la usina, los talleres y el predio fueron entregados por la Empresa Social de Energía de la provincia de Buenos Aires (ESEBA S.A.) a la Municipalidad de Bahía Blanca. En 2002 el castillo fue declarado monumento histórico nacional  por la ley 25.580, promovida por el diputado nacional Luis Brandoni, y en el mismo año fue declarado monumento histórico y patrimonio cultural provincial por la ley provincial 12.932, propuesta por la senadora provincial Alicia Fernández de Gabiola.  
  

Del pasado de la usina queda mucho por saber, como mucho hay por hacer en este lugar a futuro. En ambos sentidos, la historia del castillo recién comienza.

Una versión corregida y ampliada de este texto puede encontrarse acá.